La verdad es que no.
“¡Siguiente!”, gritó la cajera, sacándome de mis pensamientos.
Cuando llegué a casa, el sol se ocultaba tras los árboles. Cuando me acerqué a la casa, vi a Gloria, que estaba al otro lado de la calle, sentada en el porche, con la nariz hundida en una de mis novelas.
Nunca puse en duda su amor.
“Hola, Callum”, dijo sin levantar la vista. “Jess salió corriendo hace un rato. Me pidió que estuviera pendiente de Evie. Dijo que volverías pronto”.
Me dolía el muñón y se me revolvió el estómago.
“¿Dijo adónde iba?”.
“No. Parecía una emergencia. El automóvil estaba en marcha mientras ella venía a buscarme”.
“Jess salió corriendo hace un rato”.