Lily miró hacia su regazo. Permaneció en silencio unos segundos antes de hacer la pregunta que le partió el corazón.
—¿Sarah va a decirte que estoy mintiendo?
Marcus negó con firmeza.
—Nunca más tendrás que preocuparte por convencer a nadie. Estoy aquí y te creo.
Por primera vez en varios días, apareció en el rostro de Lily una sonrisa auténtica, libre de aquella carga que había llevado demasiado tiempo.
Mientras Evelyn se quedaba con Lily en la clínica, Marcus se reunió con Victoria y le entregó todas las pruebas digitales, los informes médicos y las copias de seguridad del sistema de seguridad.
Se presentaron inmediatamente denuncias formales ante los servicios de protección de menores y las fuerzas de seguridad.
Marcus no quería una confrontación a gritos.
No quería romper cosas ni montar una escena.
Quería que cada paso quedara documentado legalmente, registrado y protegido contra cualquier intento de manipulación.
Aquella cautela meticulosa dio resultado.
Al revisar con mayor profundidad el almacenamiento local en la nube, Ryan recuperó catorce grabaciones adicionales archivadas.
En varias de ellas aparecían Sarah y Julian dentro de la casa de Greenwich mientras Marcus estaba fuera por trabajo. Aunque en algunas zonas el audio se oía apagado, ciertas conversaciones eran perfectamente claras.
En una grabación, Julian preguntaba:
—¿Sigue sin sospechar absolutamente nada?
Sarah respondía:
—Marcus vive consumido por la culpa porque el trabajo le quita tiempo con ella. Si piensa que Lily necesita ayuda profesional, aceptará cualquier cosa que yo le proponga.
En otra discutían sobre los plazos.
—En cuanto firme el contrato de gestión de la propiedad, tendremos ventaja.
—¿Y si su abogada lo revisa antes?
—Entonces nos aseguramos de que firme la autorización antes de enseñárselo.