Él estaba de pie frente a la ventana.
—¿Cuándo?
Silencio.
—Cuando fuera el momento adecuado.
Una risa fría salió de él.
—¿El momento adecuado era después de dejarlo con otra persona?
Valeria empezó a llorar.
—No podía abandonar mis estudios.
—Entonces querías que tu hermana abandonara los suyos.
Silencio.
Esa fue la primera vez que alguien defendió mi futuro.
Esa tarde recibí una llamada.
Era mi madre.
—Sofía, vuelve a casa.
Su voz era diferente.
Más suave.
Pero ya era tarde.
—¿Por qué?
—Somos una familia.
Miré al bebé en mis brazos.
—No.
Silencio.
—Una familia no entrega a uno de sus miembros para salvar la imagen de otro.
No respondió.
Meses después, la vida cambió completamente.
Gabriel reconoció oficialmente a su hijo.
Pero nunca dijo que yo debía quedarme.
Eso fue lo que más me sorprendió.
Un día me dijo: