«Acabo de aterrizar en París. Voy hacia el hotel.»
Respondió casi inmediatamente.
«Disfruta cada segundo, cariño. Para el martes todo va a ser diferente.»
Leí su mensaje dos veces.
Una sonrisa fría apareció en mis labios.
No tenía ni idea de hasta qué punto tenía razón.
PARTE 3
El lunes por la mañana, Richard había organizado una gran rueda de prensa y presentación ante inversores en un hotel de lujo de Midtown Manhattan.
Durante meses, Nebula Systems se había presentado públicamente como una empresa tecnológica en expansión.
En realidad, sus cuentas internas eran un desastre.
El anuncio de una nueva inyección de capital de 1,25 millones de dólares debía evitar la insolvencia y calmar a sus acreedores.
A las 8:40 de la mañana entré por una puerta lateral del salón del hotel acompañada de Eva.
Llevaba un traje gris carbón perfectamente entallado.
Sostenía una fina carpeta de cuero.
Y llevaba en la muñeca el reloj de oro que mi abuela me había regalado cuando terminé la universidad.
No parecía una esposa destrozada a la que acababan de traicionar.
Parecía lo que era.
Una auditora sénior que llevaba cuarenta y ocho horas convirtiendo las pruebas en un arma.
Cerca del escenario, Richard sonreía ampliamente delante de una enorme pantalla digital.
Sarah lo grababa con el teléfono.
Eleanor hablaba con posibles inversores mientras sostenía una copa de champán como si la familia ya hubiera ganado la lotería.
Eric estaba junto al atril.
Durante diez años había amado a aquel hombre.
Habíamos compartido domingos lluviosos, reformas en casa, cenas tranquilas y planes para envejecer juntos.
Ahora, al mirarlo desde el otro lado de aquella sala llena de gente, solo veía a un parásito que había brindado con champán ante la posibilidad de dejarme sin casa.