Coloqué sobre la mesa la transferencia del departamento.
Su rostro cambió.
—Explícame esto.
—Era un préstamo.
—¿Dónde está el contrato?
Silencio.
Puse las demás hojas enfrente.
—¿También eran préstamos el collar, los hoteles y las clases de Sebastián?
Intentó quitarme los documentos.
No lo dejé.
—¡Me estás investigando!
—Estoy investigando mi dinero.
Esa misma mañana contraté a Mariana Salgado, una abogada especializada en divorcios y patrimonio.