Yo hacia el otro.
Un mes después recibí las llaves de mi departamento.
No era grande, pero tenía ventanales con vista a la ciudad.
Por primera vez elegí cada cosa sin preguntarle a nadie.
Alejandro siempre había preferido muebles oscuros.
Fernanda se burlaba de mis gustos porque decía que eran demasiado sencillos.
Yo escogí madera clara, paredes color crema y un sillón junto a la ventana donde podía leer por las noches.
Un sábado encontré entre mis cajas un viejo cuaderno de la época en que ayudaba a Alejandro con la empresa.
En la primera página había un dibujo que yo había hecho nueve años atrás: una casita pequeña.
Debajo había escrito:
“Cuando salgamos adelante, tendremos un hogar donde siempre estaremos seguros.”
Me quedé mirando esa frase mucho tiempo.
Entonces entendí algo que me había costado casi un año aprender.