Fernanda giró hacia él.
—¿Entonces cómo funcionan?
Nadie habló.
—Dime algo —insistió ella—. Cuando Claudia se divorcie y Rodrigo también… ¿te vas a casar conmigo?
—No estamos aquí para hablar de eso.
—Llevo dos años escuchando que debemos esperar el momento correcto. ¿Qué falta ahora?
Alejandro terminó perdiendo la paciencia.
—Somos adultos, Fernanda. Lo que ocurrió fue decisión de ambos. No puedes responsabilizarme de que tu matrimonio se haya destruido.
Vi cómo el rostro de Fernanda cambiaba.
En cuestión de segundos sacó su teléfono.
—Perfecto.
Mandó a los abogados decenas de conversaciones.
Fechas.
Reservaciones.
Facturas.
Viajes inventados.
Incluso reveló que un proveedor había entregado un reembolso de casi trescientos mil pesos que Alejandro pidió canalizar directamente hacia ella para cubrir gastos.
Alejandro se levantó.
—¡Cállate!
—¿Por qué? —gritó Fernanda—. Cuando me comprabas cosas decías que era la única mujer que realmente te entendía. Ahora resulta que todo fue “decisión de adultos”.