SE VIO OBLIGADA A CASARSE CON EL “MULTIMILLONARIO DE CERDO” PARA PAGAR LAS DEUDAS DE SU FAMILIA

Sebastian se puso de pie y caminó hacia la cama. Cada movimiento era atlético, elegante y deliberado. Se arrodilló a su lado, de la misma manera que lo había hecho la noche anterior. “El alma no ha cambiado, Clara. Sólo la cáscara. Sigo siendo el hombre que tiró su plato para ver si gritas. Sigo siendo el hombre que te escuchó susurrar hasta los pies mientras pretendía dormir”.

Pero para Clara, el ajuste no fue tan simple. Ella se había enamorado de un hombre que ella pensaba que estaba roto, solo para descubrir que él era el que sostenía todas las piezas.

Los Buitres Descienden

La “transformación milagrosa” no fue solo un shock para Clara; fue una llamada de sirena a todos los buitres del país. En cuarenta y ocho horas, las puertas de la mansión fueron sitiadas.

Primero vino el padre de Clara, Ricardo. Él no vino con una disculpa por venderla; él vino con una sonrisa y una palma abierta.

“¡Mi yerno!” Ricardo gritó a través del intercomunicador. “¡Sabía que había grandeza en ti! Ahora que la deuda está liquidada y tú eres… bueno, pareciendo una estrella de cine, ¿seguro que puedes ahorrar unos millones para la nueva empresa comercial de tu padre?

Sebastian se paró en la sala de vigilancia, con la mandíbula apretada. Miró a Clara. – ¿Quieres que lo deje entrar?

Clara miró a la pantalla, al hombre que la había cambiado como una mercancía. “No,” dijo ella, su voz temblando pero segura. “Él no me vendió a un multimillonario. Él me vendió a un “monstruo”. No se merece al hombre detrás de la máscara”.

Luego vino Vanessa. Ella no vino por dinero; vino por el premio que pensó que había perdido. Apareció en una gala de la alta sociedad una semana después, con un vestido que no dejó nada a la imaginación, deslizándose hacia Sebastian como una serpiente.

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