Su padre se cubrió el rostro.
—Entonces todo era mentira.
Pero faltaba lo peor.
Mauricio había utilizado documentos firmados por sus padres para garantizar deudas de una empresa que había creado con un socio.
Cuando el negocio comenzó a hundirse, vendió la casa.
A sus padres les dijo que solo firmaban una refinanciación para salvarla.
—¿Y el dinero de la venta?
Su padre soltó una risa amarga.
—Nunca vimos un peso.
Daniela abrió las fotografías del contrato.
La empresa compradora estaba relacionada con Mauricio.
Aquello ya no parecía simplemente la traición de un hijo.
Parecía una operación preparada.
—Nos vamos —dijo Daniela.
Su madre negó rápidamente.
—Mauricio dijo que si hablamos, nos meterá en problemas.
—Mamá.
Daniela recogió las monedas del suelo y las puso dentro del vaso.
Después lo dejó sobre el banco.