Después entró en la cocina.
—Necesito que escuches algo —le dijo a Evelyn.
Dejó el móvil sobre la encimera y reprodujo el audio de las grabaciones.
Evelyn escuchó sin interrumpir. Su expresión pasó lentamente de la confusión a una profunda preocupación y, por último, a una serenidad fría e inquietante. Era exactamente la misma mirada que tenía su hija Hannah cuando algo despertaba su instinto protector.
—¿Quién es Julian? —preguntó Evelyn.
Marcus desbloqueó el móvil. Durante el trayecto había buscado entre sus correos una propuesta comercial que había recibido meses atrás.
Julian Vance-Montague. Consultor inmobiliario sénior y director general de Blue Horizon Asset Management.
Marcus había conocido la empresa cuatro meses antes, cuando Sarah se la recomendó. Según ella, Blue Horizon estaba especializada en la gestión de propiedades costeras de lujo y podía encargarse de alquilar la casa de Martha’s Vineyard durante la temporada baja.
Sobre el papel, la propuesta parecía razonable. La propiedad generaba unos impuestos y costes de mantenimiento elevados mientras permanecía vacía gran parte del año. Julian había presentado un dossier impecable: alquileres vacacionales de lujo y alto rendimiento que cubrirían los gastos hasta que Lily cumpliera dieciocho años.
Marcus no lo había firmado. Algo en las cláusulas de indemnización del contrato le había parecido innecesariamente enrevesado, así que decidió dejarlo en suspenso. Sarah llevaba semanas presionándolo para que firmara.
Ahora entendía por qué.
Aquella misma tarde llamó a Victoria Sterling, la abogada del fideicomiso familiar que había gestionado la herencia de Hannah.
Le contó únicamente los hechos que podía respaldar con pruebas: la declaración de Lily, las grabaciones almacenadas en la nube, el frasco con cuentagotas y las conversaciones telefónicas relacionadas con la sociedad patrimonial.