Encontré el cuaderno secreto de mi madre y entendí cuánto me había esperado

Torcidos.

Con casas enormes, soles amarillos y personas con brazos larguísimos.

“¿Guardaste todo esto?”

“Claro.”

“Pero si son horribles.”

“Eran tuyos.”

Lo dijo como si eso lo explicara todo.

Y lo explicaba.

En otra carpeta había fotos de cumpleaños.

Yo con siete años.

Yo con doce.

Yo con diecisiete, con cara de querer irme de todas partes.

Mi madre en todas las fotos estaba cerca.

A veces detrás.

A veces cortando tarta.

A veces sirviendo vasos.

A veces mirando hacia mí, no hacia la cámara.

Yo nunca lo había notado.

En casi todos mis recuerdos importantes, ella estaba trabajando para que el recuerdo existiera.

Y yo ni siquiera la veía.

Me senté en el suelo de la cocina con una foto en la mano.

Mi madre estaba guardando platos en papel de periódico.

“¿Te arrepientes de mudarte?”, le pregunté.

Ella tardó en responder.

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