Encontré el cuaderno secreto de mi madre y entendí cuánto me había esperado

Después llamé a mi hija, Clara.

Tenía quince años.

Vivía conmigo algunos días y con su madre otros.

Le conté que estaba en Valladolid con la abuela Pilar.

“¿La yaya está bien?”, preguntó.

“Sí. Pero creo que hemos estado un poco lejos.”

Hubo silencio al otro lado.

Luego Clara dijo:

“Papá, tú siempre estás ocupado.”

No lo dijo con crueldad.

Lo dijo como se dicen las cosas que ya no sorprenden.

Me senté en la habitación pequeña, la que había sido mía.

En la pared aún quedaba la marca clara de un póster antiguo.

“Lo sé.”

“¿Vas a volver hoy?”

“No. Mañana quizá.”

“Ah.”

Ese “ah” me sonó demasiado parecido a mi madre.

Entonces entendí algo que me dejó helado.

Yo no solo estaba repitiendo mi abandono hacia atrás.

También lo estaba enseñando hacia delante.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *