PARTE 2 / La hija de tres años de la empleada doméstica me pintó toda la cara mientras fingía dormir.

El recuerdo de aquel año volvió con brutal claridad.

Redadas repentinas.

Dos empresas confiscadas.

Tres aliados se volvieron contra mí en cuestión de meses.

En aquel momento, creía que era el precio natural del poder.

Ahora me preguntaba si había sido planeado.

—La noche de la explosión —continuó Elena—, Matteo vino a mi apartamento. Su camisa estaba cubierta de sangre.

Mi expresión cambió antes de que pudiera evitarlo.

“¿Resultó herido?”

“Le dispararon en el costado. Dijo que alguien de tu familia lo había traicionado. Él mismo orquestó la explosión porque necesitaba que todos creyeran que estaba muerto.”

“¿Los restos?”

“Un hombre sin hogar había muerto de una sobredosis esa misma noche. Matteo le pagó a alguien de la morgue para que falsificara los registros dentales.”

La rabia me invadió tan rápidamente que mi visión se nubló.

“Robó un cadáver.”
“Estaba desesperado.”

“Me dejó llorarlo.”

“Estaba intentando protegerte.”

“No lo defiendas.”

Elena también se puso de pie.

“Él te amaba.”

Golpeé la mesa con la mano.

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