El lugar no tenía nombre al principio, pero la gente volvía. Choferes, obreros, empleados, estudiantes, personas que solo necesitaban un espacio donde respirar. Mary Lou no solo cocinaba: ofrecía el consuelo incondicional que a ella le habían negado durante tanto tiempo.
Doce años sin ver a mi hija: el viaje que reveló la verdad detrás del dinero que me enviaba