—Solo serán dos noches, cariño.
Lily negó con la cabeza. Después miró hacia la cocina.
Ese único gesto hizo desaparecer la sonrisa de Marcus.
—Cuando te vas de viaje, Sarah echa unas gotas en mi zumo.
Marcus se quedó inmóvil.
Sarah llevaba diez meses siendo su esposa.
—¿Qué gotas?
—Dice que son vitaminas. Pero después me siento rara, no puedo estar quieta y ella empieza a grabarme.
Marcus se arrodilló para quedar a su altura.
—¿Para qué te graba?
Lily apretó los labios.