La expresión de mi esposo cambió.
No esperaba que nadie contradijera la versión que llevaba años repitiendo en su familia.
Los policías pidieron que Teresa y sus invitados retiraran sus cosas.
Mi suegra se negó.
—Yo no voy a ninguna parte.
El agente señaló hacia la calle.
—Puede retirarse voluntariamente o podemos dejar asentado que se niega a salir de un domicilio cuya propietaria ya le solicitó que lo abandone.
Quince minutos después, Teresa estaba metiendo sus bolsas en la cajuela mientras insultaba por lo bajo.
Su hermana no dijo nada.
La esposa de Raúl, Patricia, se acercó a mí antes de subir al auto.
—Laura, yo no sabía que la casa era tuya. Raúl dijo que Mauricio la había comprado.
—Ahora ya lo sabes.
Patricia miró el teléfono de su esposo.
—Borra esos videos.
Raúl se rio.