“Ni muerta deja de dar problemas”, murmuró mi marido mientras escondía mi celular en el ataúd y su amante sonreía a pocos pasos. Ellos esperaban quedarse con una empresa millonaria después de mi funeral, pero olvidaron algo que yo había firmado un mes antes. Cuando recuperé el sentido, solo pedí papel, mi teléfono y silencio. Horas después, él recibió un mensaje imposible… y todavía faltaba conocer el secreto más grave.

Pero esa noche llevaba una pala.

Si alguien había sacado el celular, encontraría la prueba.

Si el ataúd seguía cerrado, entonces aceptaría que se estaba volviendo loco.

Comenzó a cavar.

La tierra húmeda se pegaba a sus zapatos. Cada ruido lo hacía voltear. El viento movía las coronas secas y los árboles proyectaban sombras largas sobre las lápidas.

Tras casi una hora, la pala golpeó madera.

Héctor respiró con dificultad.

Apartó la tierra, encontró la tapa y tiró de ella.

El ataúd estaba vacío.

En el centro había únicamente un sobre blanco.

Lo abrió.

Dentro había una hoja escrita con la letra de Adriana.

“Te dije que regresaría.”

Héctor retrocedió.

—No…

Una luz se encendió a su espalda.

Adriana estaba de pie a unos metros, con ropa blanca sencilla y el rostro sin maquillaje.

Viva.

Héctor perdió el equilibrio y cayó sentado dentro de la fosa.

—No puede ser.

—Sí puede.

—Tú estabas muerta.

—No. Tú querías que estuviera muerta.

Héctor empezó a negar con la cabeza.

—Fue Lorena.

Adriana sintió algo quebrarse dentro de ella. Durante años había compartido una cama con ese hombre. Le había pagado estudios, le había dado un puesto, lo había presentado como socio cuando en realidad no confiaba en él para cerrar un balance. Y ahora, al verlo cubierto de tierra, no sintió amor, ni odio.

Sintió claridad.

—¿Lorena preparaba el té que me dabas en casa?

Héctor tragó saliva.

—Ella consiguió las cosas.

—¿Pero tú me las dabas?

—Yo… yo no quería que sufrieras.

Adriana soltó una risa breve, incrédula.

—Me enterraste viva.

—¡El médico dijo que estabas muerta!

—Porque tú le pagaste.

Héctor se llevó las manos a la cabeza.

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