La miré directamente.
—¿Cómo se pone exactamente, Florence?
—Se vuelve completamente dramática —respondió sin dudar.
Aquella palabra me golpeó como un puñetazo.
La había escuchado demasiadas veces.
Siempre de boca de Florence.
Christina era dramática.
Christina era demasiado emocional.
Christina estaba celosa sin motivo.
Christina era mentalmente inestable.
Y yo había creído cada una de aquellas palabras.
De repente me pregunté cuántas veces debe escuchar una persona una mentira bien pronunciada antes de aceptarla como verdad absoluta.
Me giré hacia mi hermana.
—Rebecca, llévate a Leo.
Asintió rápidamente.
—¿Adónde vas?
—A encontrar a mi hija.
Florence estiró una mano hacia mí.
—Jonathan, espera.
Me detuve.
Cuando intentó cogerme de los dedos, retiré instintivamente la mano.
Su expresión cambió.
No fue un cambio exagerado, pero sí suficiente.
Por primera vez vi lo que se escondía debajo de aquella fachada cuidadosamente construida.