El abogado, que había permanecido en silencio, habló por primera vez.
—Me pidió que no le explicara nada.
Solo que fuera allí cuando terminara de leer.
Conduje hasta las afueras de la ciudad.
La dirección me llevó a un pequeño edificio de ladrillo.
No era una mansión.
Ni una oficina elegante.
Era un viejo taller de carpintería.
Sobre la puerta había un letrero de madera.
Puertasy ventanas
“Evelyn & Sons.”
Nunca había oído ese nombre.
Empujé la puerta.
Dentro olía a madera recién cortada.
Un anciano levantó la vista desde un banco de trabajo.
Cuando me vio, sonrió con tristeza.
—Así que finalmente viniste.
—¿Usted conocía a Evelyn?
El hombre soltó una pequeña risa.
—Trabajé con ella cuarenta años.
Después señaló la llave que llevaba en mi mano.
—Eso no abre una caja fuerte.
Abre tu banco de trabajo.
Fruncí el ceño.
—No entiendo.
El hombre caminó hasta el fondo del taller.
RevistasAllí había una estación completamente equipada.
Herramientas nuevas.
Planos.
Madera de la mejor calidad.
Y una placa de bronce.
“Reservado para Daniel.”kara
Me quedé sin palabras.
El anciano habló con calma.