Pasé el dedo por la tinta.
Seguí.
“Tengo que decirte algo difícil porque llegará un momento en que ya no podré explicártelo personalmente.
Carlos, yo morí hace cuatro años.
Fue tranquilo.
Tú estabas conmigo y me sujetaste la mano hasta el final.”
Solté el cuaderno.
Cayó sobre mis piernas.
—No.
Me levanté.
—No, no, no.
Elena no estaba muerta.
Había ido al mercado.
Yo la había visto salir.
¿No?
Intenté reconstruir la mañana.
No pude.
Solo encontraba imágenes sueltas.
Una taza.
Una ventana.
Una voz que quizá había escuchado hacía veinte años.
Volví a sentarme.
Tenía los ojos llenos de lágrimas.
Recogí el cuaderno.
“Sé que leer esto te romperá el corazón.
También sé que algunas veces sentirás que todo se está deshaciendo.
Por eso preparé este cuaderno.
No estás solo.
Busca a Bruno.”