{"id":6234,"date":"2026-10-07T23:55:47","date_gmt":"2026-10-07T23:55:47","guid":{"rendered":"https:\/\/saborencasa.delicedcook.com\/?p=6234"},"modified":"2026-10-07T23:55:47","modified_gmt":"2026-10-07T23:55:47","slug":"parte-2-el-hombre-que-habia-desaparecido-volvio-a-existir-7","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/saborencasa.delicedcook.com\/?p=6234","title":{"rendered":"PARTE 2: EL HOMBRE QUE HAB\u00cdA DESAPARECIDO VOLVI\u00d3 A EXISTIR"},"content":{"rendered":"<div class=\"justread-ad justread-ad--ad-after-image\">\n<div id=\"div-gpt-ad-1783805644112-0\" data-google-query-id=\"CMTBgMSNqZcDFUCwzgEdMKM0kg\">\n<div id=\"google_ads_iframe_\/23331504997\/Annonces-III_0__container__\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"entry-content\">\n<h2><strong>PARTE 1: LA MUCHACHA QUE NADIE VE\u00cdA<\/strong><\/h2>\n<p>La copa cay\u00f3 al piso justo cuando Augusto Ferr\u00e1n jur\u00f3, frente a cuatrocientas personas, que se arrodillar\u00eda ante cualquiera que hablara cinco idiomas.<\/p>\n<p>El cristal estall\u00f3 sobre el m\u00e1rmol de la mansi\u00f3n como si hubiera sonado un disparo.<\/p>\n<div class=\"injected-content injected-in-content injected-in-content-13\">\n<div id=\"div-gpt-ad-1788926221723-0\" data-google-query-id=\"COzlnKb2mpcDFU5-TwQd2NEVJQ\">\n<div id=\"google_ads_iframe_\/21715635079\/Tanngo\/Inread2_Vnnews.fun_0__container__\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>Y, por primera vez en toda su vida, todos voltearon a ver a Renata Ayala.<\/p>\n<p>La gala ben\u00e9fica de los Ferr\u00e1n iluminaba aquella noche una de las residencias m\u00e1s imponentes de las Lomas de Chapultepec, en la Ciudad de M\u00e9xico. Hab\u00eda arreglos de rosas blancas tra\u00eddas de invernaderos privados, meseros con guantes impecables, copas de cristal franc\u00e9s y una orquesta tocando boleros convertidos en jazz para que los invitados pudieran fingir que la nostalgia tambi\u00e9n era elegante.<\/p>\n<div class=\"injected-content injected-in-content injected-in-content-12\">\n<div id=\"div-gpt-ad-1788926251618-0\" data-google-query-id=\"CMi5nqb2mpcDFQjqVgMdW6cdrQ\">\n<div id=\"google_ads_iframe_\/21715635079\/Tanngo\/Inread3_Vnnews.fun_0__container__\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>Los hombres m\u00e1s ricos de la ciudad hablaban de inversiones y caridad como si ambas cosas fueran lo mismo. Las mujeres luc\u00edan joyas que pod\u00edan pagar casas enteras en cualquier colonia popular. Empresarios, diplom\u00e1ticos, herederos y conductores de televisi\u00f3n sonre\u00edan frente a las c\u00e1maras mientras una fila de empleados pasaba entre ellos cargando bandejas, recogiendo servilletas y limpiando discretamente la suciedad que dejaban a su paso.<\/p>\n<p>Entre esos empleados caminaba Renata.<\/p>\n<div class=\"injected-content injected-in-content injected-in-content-11\">\n<div id=\"div-gpt-ad-1788926288476-0\" data-google-query-id=\"CPOEn6b2mpcDFRo78QUd2jIAmA\">\n<div id=\"google_ads_iframe_\/21715635079\/Tanngo\/Inread4_Vnnews.fun_0__container__\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>Ten\u00eda veintis\u00e9is a\u00f1os, el cabello oscuro recogido con una liga sencilla y unos ojos color miel que casi siempre manten\u00eda bajos. Llevaba un uniforme negro con delantal blanco, zapatos gastados y una expresi\u00f3n tan silenciosa que nadie imaginaba todo lo que viv\u00eda detr\u00e1s de ella.<\/p>\n<p>Hab\u00eda crecido en aquella casa.<\/p>\n<div class=\"injected-content injected-in-content injected-in-content-10\">\n<div id=\"div-gpt-ad-1788926313211-0\" data-google-query-id=\"CLG5oKb2mpcDFUkE8QUdPHQtEA\">\n<div id=\"google_ads_iframe_\/21715635079\/Tanngo\/Inread5_Vnnews.fun_0__container__\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>No en las habitaciones grandes, ni bajo los candiles, ni rodeada de retratos familiares. Renata hab\u00eda crecido detr\u00e1s de la cocina, en un cuartito estrecho donde dorm\u00eda junto a do\u00f1a Carmela, la cocinera que la hab\u00eda criado desde que su madre apareci\u00f3 una madrugada con la ni\u00f1a envuelta en una cobija y le suplic\u00f3 que la protegiera.<\/p>\n<p>Desde peque\u00f1a aprendi\u00f3 las reglas de aquella mansi\u00f3n.<\/p>\n<p>No mirar demasiado.<br \/>\nNo responder.<br \/>\nNo hacer preguntas.<br \/>\nNo olvidar nunca que para los Ferr\u00e1n una empleada era \u00fatil mientras permaneciera invisible.<\/p>\n<p>Pero Renata ten\u00eda un secreto.<\/p>\n<p>Cada noche, despu\u00e9s de lavar los \u00faltimos platos y dejar en orden los cubiertos de plata, sacaba de una caja vieja los libros que su padre le hab\u00eda dejado: gram\u00e1ticas desgastadas, diccionarios marcados con l\u00e1piz, cuadernos llenos de palabras extranjeras y peque\u00f1as notas escritas con una letra amorosa.<\/p>\n<p><em>Los idiomas son puertas, mi ni\u00f1a. \u00c1brelas y nunca volver\u00e1s a sentirte encerrada.<\/em><\/p>\n<p>Tom\u00e1s Ayala, su padre, le hab\u00eda ense\u00f1ado espa\u00f1ol, ingl\u00e9s, franc\u00e9s, alem\u00e1n y \u00e1rabe antes de desaparecer sin explicaci\u00f3n cuando ella apenas era una ni\u00f1a. Renata hab\u00eda pasado a\u00f1os creyendo que \u00e9l simplemente se hab\u00eda ido. Que no la quiso lo suficiente para quedarse. Despu\u00e9s su madre tambi\u00e9n desapareci\u00f3, y la \u00fanica certeza que le qued\u00f3 fue aquella cocina y los brazos cansados de do\u00f1a Carmela.<\/p>\n<p>Sin embargo, Renata jam\u00e1s abandon\u00f3 las palabras.<\/p>\n<p>Mientras limpiaba copas, escuchaba a los visitantes extranjeros conversar. Mientras tend\u00eda camas, repet\u00eda frases en silencio. Mientras los Ferr\u00e1n dorm\u00edan, ella aprend\u00eda a hablar con una fluidez que ninguno de ellos habr\u00eda considerado posible en una muchacha que les serv\u00eda caf\u00e9.<\/p>\n<p>Aquella noche, Augusto Ferr\u00e1n se encontraba sobre el escenario principal. Era un hombre de cuarenta a\u00f1os, alto, impecable, acostumbrado a entrar a cualquier lugar sinti\u00e9ndose due\u00f1o de todo cuanto tocaba. Hab\u00eda heredado el Grupo Ferr\u00e1n, una corporaci\u00f3n poderosa dedicada al comercio internacional, los desarrollos inmobiliarios y la importaci\u00f3n de bienes de lujo.<\/p>\n<p>\u2014Esta noche celebramos la excelencia \u2014dijo Augusto, levantando una copa\u2014. Celebramos a quienes tenemos la capacidad de cambiar el mundo.<\/p>\n<p>Renata, que pasaba junto a una columna con una bandeja en las manos, sinti\u00f3 un dolor conocido. Para hombres como Augusto, el mundo lo cambiaban \u00fanicamente quienes aparec\u00edan en las fotograf\u00edas. Nunca quienes barr\u00edan despu\u00e9s de sus fiestas.<\/p>\n<p>En la mesa principal se encontraba el embajador Ismael Contreras, un diplom\u00e1tico mexicano de larga trayectoria internacional. Durante su presentaci\u00f3n, salud\u00f3 a la audiencia en ingl\u00e9s, franc\u00e9s y \u00e1rabe, provocando aplausos admirados.<\/p>\n<p>\u2014Tres idiomas \u2014coment\u00f3 Augusto ri\u00e9ndose\u2014. Embajador, en esta sala no creo que nadie pueda superarlo.<\/p>\n<p>\u2014Hay personas extraordinarias que dominan cinco o m\u00e1s \u2014respondi\u00f3 Contreras.<\/p>\n<p>Augusto solt\u00f3 una carcajada.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCinco? Le apuesto que entre estas cuatrocientas personas no hay una sola que pueda hablar cinco idiomas con verdadera fluidez. Y si aparece alguien capaz de demostrarlo, me arrodillo ante esa persona aqu\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Algunos rieron. Otros aplaudieron. Nadie levant\u00f3 la mano.<\/p>\n<p>Renata sinti\u00f3 que los dedos se le humedec\u00edan alrededor de la bandeja.<\/p>\n<p>Cinco.<\/p>\n<p>Los mismos cinco idiomas que su padre le hab\u00eda regalado.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 habr\u00eda seguido caminando. Quiz\u00e1 habr\u00eda enterrado aquella oportunidad junto a tantas otras. Pero un invitado se movi\u00f3 bruscamente, golpe\u00f3 su brazo y una copa cay\u00f3 al suelo.<\/p>\n<p>Cuando el cristal se rompi\u00f3, varias personas se rieron.<\/p>\n<p>\u2014Estas muchachas ni una bandeja pueden sostener \u2014murmur\u00f3 un empresario.<\/p>\n<p>Augusto descendi\u00f3 del escenario, divertido por el espect\u00e1culo inesperado. Se acerc\u00f3 hasta quedar frente a Renata, que se hab\u00eda agachado a recoger los fragmentos.<\/p>\n<p>\u2014Vaya, parece que nuestra empleada quiere llamar la atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>M\u00e1s risas.<\/p>\n<p>Entonces Augusto inclin\u00f3 el rostro y, con crueldad juguetona, pregunt\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014A ver, muchacha, \u00bft\u00fa hablas cinco idiomas?<\/p>\n<p>La carcajada que sigui\u00f3 fue peor que un golpe.<\/p>\n<p>Renata sinti\u00f3 un fragmento de cristal cortarle la yema del dedo. Una gota de sangre cay\u00f3 sobre el piso blanco. Durante un segundo vio su propia vida completa: la ni\u00f1a esperando a su padre junto a una puerta que nunca se abri\u00f3; la adolescente escuchando \u00f3rdenes; la mujer trag\u00e1ndose su dignidad para conservar techo y comida.<\/p>\n<p>Y algo dentro de ella se cans\u00f3.<\/p>\n<p>Se puso de pie.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY si s\u00ed los hablo? \u2014pregunt\u00f3 con voz firme.<\/p>\n<p>Las risas murieron.<\/p>\n<p>Augusto parpade\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 dijiste?<\/p>\n<p>\u2014Que si yo hablo cinco idiomas, usted se arrodilla frente a m\u00ed igual que lo har\u00eda frente a cualquiera de sus invitados. \u00bfO su palabra solo vale cuando se trata de gente con apellido importante?<\/p>\n<p>Do\u00f1a Carmela, desde la puerta de la cocina, se llev\u00f3 una mano al pecho.<\/p>\n<p>Augusto dej\u00f3 de sonre\u00edr durante un instante, pero enseguida volvi\u00f3 a cubrir su sorpresa con arrogancia.<\/p>\n<p>\u2014Se\u00f1oras y se\u00f1ores, al parecer tenemos una participante. Nuestra empleada dom\u00e9stica afirma que habla cinco idiomas.<\/p>\n<p>Algunos sacaron sus tel\u00e9fonos. No para admirarla, sino para grabar el momento en que hiciera el rid\u00edculo.<\/p>\n<p>\u2014Sube al escenario \u2014orden\u00f3 Augusto\u2014. Demu\u00e9stralo.<\/p>\n<p>Renata mir\u00f3 a do\u00f1a Carmela. La anciana lloraba, pero asinti\u00f3 suavemente.<\/p>\n<p>Entonces Renata subi\u00f3 los escalones.<\/p>\n<p>Tom\u00f3 el micr\u00f3fono con la mano herida y respir\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014Good evening, ladies and gentlemen. My name is Renata Ayala. I have worked in this house since I was a child. Tonight, for the first time, I ask you to see me.<\/p>\n<p>El murmullo recorri\u00f3 el sal\u00f3n como una corriente el\u00e9ctrica. Su ingl\u00e9s era claro, elegante, seguro.<\/p>\n<p>Sin detenerse, cambi\u00f3 al franc\u00e9s:<\/p>\n<p>\u2014<em>Mesdames et messieurs, on m\u2019a appris que les langues sont des portes. Ce soir, je vais ouvrir ces portes devant vous.<\/em><\/p>\n<p>Un diplom\u00e1tico franc\u00e9s dej\u00f3 la copa sobre la mesa, impresionado.<\/p>\n<p>\u2014Perfecto \u2014susurr\u00f3\u2014. Su pronunciaci\u00f3n es perfecta.<\/p>\n<p>Renata continu\u00f3 en alem\u00e1n. Cada consonante son\u00f3 precisa, limpia, firme. Habl\u00f3 de las personas que pasan a\u00f1os escuchando mientras otros celebran, trabajando mientras otros reciben aplausos, aprendiendo mientras otros las consideran incapaces.<\/p>\n<p>Los invitados hab\u00edan dejado de sonre\u00edr.<\/p>\n<div class=\"injected-content injected-in-content injected-in-content-1\">\n<div id=\"div-gpt-ad-1766141677964-0\" data-google-query-id=\"CMLvoKb2mpcDFfHHVgMdGio0Eg\">\n<div id=\"google_ads_iframe_\/21715635079\/Tanngo\/Inread_Vnnews.fun_0__container__\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>Tres idiomas.<\/p>\n<p>Augusto ya no parec\u00eda divertido.<\/p>\n<p>Renata cerr\u00f3 los ojos y habl\u00f3 en \u00e1rabe.<\/p>\n<p>Aquella lengua era la voz de su padre. Era la canci\u00f3n que \u00e9l le cantaba de ni\u00f1a; era el secreto que compart\u00edan cuando el mundo parec\u00eda demasiado grande. Al escucharla, el embajador Contreras se puso lentamente de pie. Sus ojos se llenaron de una emoci\u00f3n inesperada.<\/p>\n<p>\u2014Cuatro \u2014dijo, incapaz de contenerse\u2014. Y un \u00e1rabe extraordinario.<\/p>\n<p>Augusto subi\u00f3 al escenario con el rostro r\u00edgido.<\/p>\n<p>\u2014Muy impresionante. Pero la apuesta era cinco.<\/p>\n<p>Renata lo mir\u00f3 directamente.<\/p>\n<p>\u2014Mi quinto idioma es el espa\u00f1ol. La lengua en la que mi padre me ense\u00f1\u00f3 a so\u00f1ar antes de que alguien me lo arrebatara.<\/p>\n<p>Algo cambi\u00f3 en el rostro de Gabriela Ferr\u00e1n, la madre de Augusto, una mujer anciana que hasta ese momento observaba desde el fondo del sal\u00f3n. Al escuchar aquellas palabras, se puso p\u00e1lida.<\/p>\n<p>\u2014Mi nombre es Renata Ayala \u2014continu\u00f3 la joven\u2014. He servido comida en esta casa. He limpiado pisos. He recogido los vasos de quienes nunca se molestaron en preguntarme qui\u00e9n era. Mi padre se llamaba Tom\u00e1s Ayala. Era ling\u00fcista. \u00c9l me ense\u00f1\u00f3 que la inteligencia no pertenece a los ricos, que la dignidad no depende de un uniforme y que nadie merece vivir invisible.<\/p>\n<p>Los aplausos comenzaron con una mujer al fondo. Despu\u00e9s otra persona se levant\u00f3. Luego diez. Luego cien.<\/p>\n<p>En pocos segundos, todo el sal\u00f3n estaba de pie.<\/p>\n<p>El embajador tom\u00f3 el micr\u00f3fono.<\/p>\n<p>\u2014Se\u00f1or Ferr\u00e1n, la se\u00f1orita Ayala acaba de demostrar un dominio excepcional de cinco idiomas. Usted hizo una promesa p\u00fablica.<\/p>\n<p>Augusto mir\u00f3 a su alrededor. Cientos de celulares lo grababan. Sus propios invitados murmuraban: \u201cLa apuesta\u201d, \u201cque cumpla\u201d, \u201csu palabra\u201d.<\/p>\n<p>Entonces se escuch\u00f3 la voz de Gabriela Ferr\u00e1n.<\/p>\n<p>\u2014Hazlo, Augusto.<\/p>\n<p>Su hijo la mir\u00f3 sorprendido.<\/p>\n<p>\u2014Mam\u00e1\u2026<\/p>\n<p>\u2014Cumple tu palabra.<\/p>\n<p>Augusto apret\u00f3 los dientes. Lentamente, frente a todos los empresarios que lo admiraban, frente a todos los socios que tem\u00edan su poder y frente a la empleada a quien acababa de humillar, dobl\u00f3 una rodilla y luego la otra.<\/p>\n<p>Augusto Ferr\u00e1n se arrodill\u00f3 ante Renata Ayala.<\/p>\n<p>Los flashes explotaron. Los aplausos sacudieron los ventanales.<\/p>\n<p>Pero Renata no mir\u00f3 al hombre arrodillado.<\/p>\n<p>Mir\u00f3 a Gabriela Ferr\u00e1n.<\/p>\n<p>La anciana ten\u00eda los ojos clavados en ella con un terror tan profundo que Renata entendi\u00f3 de inmediato que aquella mujer conoc\u00eda su nombre desde mucho antes.<\/p>\n<p>\u2014Usted sab\u00eda qui\u00e9n era yo \u2014susurr\u00f3 Renata al bajar del escenario.<\/p>\n<p>Gabriela no respondi\u00f3.<\/p>\n<p>Solo dijo, casi sin voz:<\/p>\n<p>\u2014Tienes los ojos de Tom\u00e1s.<\/p>\n<p>Y en ese instante Renata comprendi\u00f3 que aquella noche no hab\u00eda ganado solamente una apuesta.<\/p>\n<p>Acababa de abrir la puerta del secreto que hab\u00eda destruido a su familia.<\/p>\n<h2><strong>PARTE 2: LA CARTA ESCONDIDA EN LA CASA DE LOS FERR\u00c1N<\/strong><\/h2>\n<p>Cuando termin\u00f3 la gala, los invitados siguieron hablando del video que ya recorr\u00eda las redes sociales. \u201cLa empleada pol\u00edglota.\u201d \u201cEl millonario arrodillado.\u201d \u201cLa humillaci\u00f3n del heredero Ferr\u00e1n.\u201d<\/p>\n<p>Pero a Renata nada de eso le importaba.<\/p>\n<p>Cruz\u00f3 el pasillo de servicio y lleg\u00f3 a la cocina, donde do\u00f1a Carmela la esperaba sentada junto a la mesa de madera. La anciana se levant\u00f3 al verla y la abraz\u00f3 con tal fuerza que Renata dej\u00f3 de resistir.<\/p>\n<p>Llor\u00f3 como no hab\u00eda llorado desde ni\u00f1a.<\/p>\n<p>\u2014Me reconoci\u00f3, Carmela \u2014dijo entre sollozos\u2014. La se\u00f1ora Gabriela reconoci\u00f3 el nombre de mi pap\u00e1.<\/p>\n<p>Do\u00f1a Carmela cerr\u00f3 los ojos. Su cuerpo peque\u00f1o pareci\u00f3 encogerse de pronto.<\/p>\n<p>\u2014Entonces ya lleg\u00f3 la hora de que sepas todo.<\/p>\n<p>Renata se separ\u00f3 del abrazo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 cosa?<\/p>\n<p>Carmela la hizo sentarse y tom\u00f3 sus manos.<\/p>\n<p>\u2014Tu padre no te abandon\u00f3. Jam\u00e1s quiso abandonarte. Tom\u00e1s trabajaba para don Hernando Ferr\u00e1n, el padre de Augusto. Era su traductor personal en negocios internacionales. Le\u00eda contratos en franc\u00e9s, alem\u00e1n, ingl\u00e9s y \u00e1rabe. Por eso descubri\u00f3 lo que nadie m\u00e1s hab\u00eda visto.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 descubri\u00f3?<\/p>\n<p>\u2014Movimientos de dinero, empresas falsas, contratos alterados. Un hombre llamado Gregorio Montiel usaba al Grupo Ferr\u00e1n para mover fortunas ilegales por diferentes pa\u00edses.<\/p>\n<p>Renata sinti\u00f3 que la garganta se le cerraba.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY mi pap\u00e1 lo denunci\u00f3?<\/p>\n<p>\u2014Lo intent\u00f3. Don Hernando quiso ayudarlo, pero Montiel amenaz\u00f3 a tu padre. Le dijo que si hablaba ir\u00edan por tu madre y por ti. Tom\u00e1s desapareci\u00f3 para protegerlas.<\/p>\n<p>Renata se cubri\u00f3 la boca.<\/p>\n<p>Toda su vida hab\u00eda vivido herida por una mentira. Hab\u00eda odiado en silencio a un hombre que, en realidad, hab\u00eda renunciado a verla crecer para mantenerla con vida.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY mi mam\u00e1?<\/p>\n<p>\u2014Isabel lo busc\u00f3 durante meses. Despu\u00e9s te dej\u00f3 conmigo porque estaba destrozada y jur\u00f3 que encontrar\u00eda a Tom\u00e1s. Recib\u00ed algunas cartas suyas. Luego dejaron de llegar.<\/p>\n<p>Antes de que Renata pudiera preguntar m\u00e1s, Patricia, la asistente de Augusto, apareci\u00f3 en la puerta.<\/p>\n<p>\u2014El se\u00f1or Ferr\u00e1n quiere verla en su despacho. Ahora.<\/p>\n<p>Do\u00f1a Carmela se levant\u00f3 furiosa.<\/p>\n<p>\u2014La muchacha ya sufri\u00f3 suficiente esta noche.<\/p>\n<p>\u2014No voy a esconderme m\u00e1s \u2014dijo Renata, sec\u00e1ndose las l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>Entr\u00f3 por primera vez al despacho de Augusto sin llevar una charola ni una escoba. \u00c9l estaba junto a la ventana, todav\u00eda vestido con el traje de gala, pero parec\u00eda haber envejecido diez a\u00f1os.<\/p>\n<p>\u2014Mi madre no deja de repetir el nombre de tu padre \u2014dijo sin saludar\u2014. Tom\u00e1s Ayala. \u00bfQui\u00e9n era para mi familia?<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PARTE 1: LA MUCHACHA QUE NADIE VE\u00cdA La copa cay\u00f3 al piso justo cuando Augusto Ferr\u00e1n jur\u00f3, frente a cuatrocientas&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":6236,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-6234","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorized"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/saborencasa.delicedcook.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6234","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/saborencasa.delicedcook.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/saborencasa.delicedcook.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/saborencasa.delicedcook.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/saborencasa.delicedcook.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=6234"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/saborencasa.delicedcook.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6234\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6237,"href":"https:\/\/saborencasa.delicedcook.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/6234\/revisions\/6237"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/saborencasa.delicedcook.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/6236"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/saborencasa.delicedcook.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=6234"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/saborencasa.delicedcook.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=6234"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/saborencasa.delicedcook.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=6234"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}