Los policías le pidieron a Rodrigo ya su esposa que se retiraran de mi propiedad. Los vecinos que habían salido a mirar volvieron a sus casas en silencio. Karina, la nuera, no dijo una palabra.
Lo que vino después
El proceso judicial duró algunos meses. La jueza revocó la donación y ordenó que los dos desocuparan la casa en un plazo de treinta días. Doña Remedios volvió a su hogar con el mismo bolso de cuero y el cuaderno de tapas azules, que guardó en el cajón de la mesa de noche de su propio cuarto.
Yo la acompañé el día de la mudanza. Cuando llegó a la puerta, se detuvo, acarició el marco con los dedos y me miró. —Gracias por no haber dudado de mí.
Hoy cenamos juntos todos los domingos, siempre a las 9:00. Ya no escribimos nada. Solo hablamos, ella me cuenta historias de su juventud, y yo la escucho como lo hacía en esas noches.
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