“No… lo sé.”
El esfuerzo le hizo respirar con más dificultad.
Esperé hasta que el monitor se ralentizó.
“¿Tuviste un accidente?”
Su rostro cambió.
La versión oficial se había repetido en los periódicos durante meses: Ethan Thornton había perdido el control de su coche durante una fuerte lluvia y había chocado contra una barrera en una carretera de montaña privada.
Un toque.
Sí.
“¿Lo recuerdas?”
Su dedo permaneció inmóvil.
Luego se movió dos veces.
Decidí que dos toques significaban que no.
“¿Recuerdas algo anterior?”
Un toque.
“Sí.”
Su mirada se aguzó.
“¿Había alguien contigo?”
Dudó.
Luego un toque.
Sentí un hormigueo en la piel.
“Los informes decían que estabas solo.”
Su mano se movió bajo la manta.
Sus dedos temblaban de frustración.
—Papel —susurró.
Miré a mi alrededor.
La enfermera seguía leyendo, aunque no pude saber si estaba escuchando.
Metí la mano en mi bolso y encontré un recibo y un bolígrafo.
Coloqué el papel debajo de la mano de Ethan.
Sus dedos apenas podían cerrarse alrededor del bolígrafo.
La primera línea que trazó no fue más que un leve arañazo.
Lo intentó de nuevo.
Apareció una carta.
METRO.
Luego otro.
A.
Se le resbaló la mano.
Sujeté el papel.
Continuó.
MARA.
Me quedé mirando el nombre.
“¿Quién es Mara?”
El monitor cambió de ritmo.
Los ojos de Ethan se abrieron de par en par.
Detrás de mí estaba la enfermera.
“Señora Thornton, me temo que necesita descansar.”
Doblé el recibo en la palma de mi mano antes de girarme.
“Abrió los ojos.”
La enfermera se acercó.
“¿Señor Thornton?”
Ethan permaneció inmóvil de nuevo.
Ella le tomó el pulso.
“Tiene el ritmo cardíaco acelerado. Deberías irte.”