No era el estacionamiento.
Era una reunión.
Una reunión sobre mi dinero.
Mientras yo luchaba por recuperarme de una operación del corazón.
CAPÍTULO 3 — LA LLAMADA QUE CAMBIÓ TODO
Aquella tarde le pedí a Malcolm que me ayudara a contactar a una abogada independiente.
No quería tomar decisiones apresuradas.
Todavía estaba recuperándome de la anestesia.
Y necesitaba asesoramiento de alguien que representara únicamente mis intereses.
Malcolm me recomendó a la abogada Eleanor Brooks.
Cuando llegó, escuchó mi historia y revisó los documentos disponibles.
“Señora Davis”, explicó, “una solicitud de evaluación no significa que usted haya perdido sus derechos.”
“¿Pueden vender mi casa?”
“No simplemente porque usted haya sido operada. Tendrían que existir facultades legales válidas o una autorización judicial conforme a la ley.”
Respiré con alivio.
“Entonces quiero proteger mis documentos.”
“Podemos revisar sus poderes existentes y preparar las medidas adecuadas cuando esté médicamente en condiciones de decidir.”