No recordaba el precio exacto de cada almuerzo.
Recordaba que alguien se había preocupado por él.
Y cuando más sola me sentía, regresó para ofrecerme la misma bondad que yo le había dado.
A VECES, LAS PERSONAS A LAS QUE DAMOS TODO NO SABEN VALORARLO. Y A VECES, ALGUIEN A QUIEN AYUDAMOS UNA SOLA VEZ GUARDA ESE GESTO EN EL CORAZÓN PARA SIEMPRE.
Mis hijos me dejaron tres sillas vacías.
Malcolm me recordó que mi vida todavía estaba llena de posibilidades.
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Y comprendí que nunca es demasiado tarde para aprender a cuidar de uno mismo.
FIN.