“¿Qué?”
“¿Por qué dijeron que se fueron porque era demasiado caro?”
David suspiró.
“Mom, it was just easier than explaining everything.”
Aquella frase me dolió más que cualquier otra.
Más fácil.
Era más fácil mentirme que tratarme como una persona capaz de decidir.
“David, a partir de ahora cualquier asunto sobre mi casa o mis finanzas tendrá que pasar por mi abogada.”
“Mom, don’t be ridiculous.”
“Buenas noches, David.”
Colgué.
Por primera vez en muchos años, había puesto un límite.
Y aunque me temblaban las manos, sentí que había hecho lo correcto.
CAPÍTULO 4 — CUANDO MIS TRES HIJOS ENTRARON EN MI HABITACIÓN
Dos días después, mis tres hijos llegaron juntos.
David entró primero.
Sarah llevaba un ramo de flores.
Michael tenía una carpeta bajo el brazo.
“Mom!”, exclamó Sarah. “We’ve been so worried!”
Los miré.
“¿Tanto como para quedarse cuando desperté?”