3 semanas atrás encontré una autorización con mi firma.
Solo había un problema.
Yo nunca la había firmado.
Después apareció otra.
Luego una cuenta de proveedor que no reconocía.
Y finalmente varios pagos relacionados con una mujer.
Camila Robles.
La “consultora estratégica” de Daniel.
Para cuando él creyó que apenas empezaba a sospechar, yo ya había hablado con nuestro abogado corporativo, con el área de prevención de fraude del banco y con 2 miembros independientes del consejo.
Nunca confronté a Daniel.
No quería sus explicaciones.
Quería pruebas.
Antes del amanecer fotografié la caja fuerte abierta, los documentos desaparecidos y cada cajón que él había tocado.
Después envié todo a la cuenta segura que nuestro abogado había preparado.
A las 5:46 mi teléfono vibró.
Era Daniel.
No una llamada.
Una fotografía.