Pero nunca habían imaginado que la mujer a la que estaban tratando de sacar de su habitación de visitas pudiera comprarla sin pedirles permiso.
—¿Tú compraste esa casa? —preguntó Marcus.
Eleanor levantó la vista.
—Sí.
Una palabra.
Nada más.
Chloe se acercó a la mesa.
—¿Con qué dinero?
El tono fue tan automático que Eleanor casi sonrió.
No había preguntado si estaba contenta.
No había preguntado cuándo pensaba mudarse.
No había preguntado por qué había mantenido la compra en secreto.
Había preguntado por el dinero.
Marcus la miró de reojo, quizá porque él también escuchó lo mismo.
Eleanor deslizó la llave hacia sí.
—Con el mío.
El asesor cerró la carpeta.
Su trabajo era únicamente entregar la documentación pendiente y confirmar que Eleanor tenía todo lo necesario para tomar posesión de la propiedad.
No estaba ahí para resolver una discusión familiar.