Estaba en el bolsillo de su chamarra.
Era una piedra roja pequeña, rodeada por un marco antiguo.
Recordó haberla visto colgada del cuello del niño.
Regresó a la estación.
Preguntó.
Nadie sabía ya dónde encontrar a la familia.
Durante algunos días intenté averiguar algo.
Pero no tenía teléfono propio.
Tampoco sabía el nombre completo del niño.
Finalmente guardó la pieza con la intención de devolverla si algún día volvía a encontrársela.
Ese día nunca llegó.
Con el tiempo, el colgante adquirió otro significado.
En sus peores noches, Mauricio lo apretaba dentro de la mano.
No porque pensara que le pertenece.
Sino porque le recordaba aquella noche.
La noche en que estaba convencido de que su vida ya no servía para nada. Y, aun así, había protegido a un niño.
Había sido útil para alguien.
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