—Abuela, ¿extrañas ese lugar?
Eleanor miró la foto.
Durante mucho tiempo había pensado que extrañaba las paredes.
En realidad extrañaba la versión de sí misma que vivía ahí.
La mujer que elegía dónde poner un sillón.
La mujer que plantaba rosales sin preguntar si estorbaban.
La mujer que podía despertarse y preparar café sin sentir que estaba usando demasiado espacio de otra persona.
—Extraño algunas cosas —respondió.
Su nieta le entregó la foto.
—Entonces llévalas contigo.
Eleanor sonrió.
—Eso voy a hacer.
Marcus condujo detrás del vehículo que llevaba las cajas.
Chloe no fue.
Dijo que tenía pendientes.
Eleanor no preguntó cuáles.
Cuando llegaron, Marcus se quedó unos segundos frente a la casa.
Era evidente que verla en persona era distinto a verla en fotografías.
El porche.
Las ventanas.
El jardín.
Todo aquello que él y Chloe habían colocado durante meses en un futuro imaginario estaba ahora frente a él como el presente de su madre.