Habían colocado a su madre en mi 12C para que ambas viajaran juntas.
Yo iría sola al fondo.
—¿Y por qué no te cambiaste tú? —pregunté a Daniel.
Silencio.
Su asiento era el 13C.
También pasillo.
—Porque los niños están cerca de mí.
—Natalia también está con ellos.
—Mamá…
—¿Por qué mi asiento era el único disponible para sacrificar?
Laura intervino:
—No lo mires así.
—¿Cómo quieres que lo mire?
—Solo queremos que mamá esté tranquila.
—Yo también soy mamá.
Nadie respondió.
No levanté la voz.
Creo que esperaban precisamente eso.
Una escena.
Una señora mayor enfadándose en medio del aeropuerto.
Entonces ellos podrían decir:
“Estás exagerando.”
Pero no les di esa oportunidad.
Pregunté:
—¿Dónde está Teresa?
Laura empezó a ponerse nerviosa.
—No la metas en esto. Ella no sabe que…
Ahí apareció algo importante.
—¿No sabe qué?