Cuando terminó, permaneció unos segundos en silencio.
—Lo primero es separar dos asuntos —dijo—. La seguridad de tu hija y los documentos patrimoniales. No firmes absolutamente nada que Rodrigo te entregue. Y necesitamos revisar el estado jurídico del departamento.
Ese mismo día reuní las escrituras, comprobantes del enganche y estados de cuenta.
También revisé nuestras finanzas con más cuidado de lo que había hecho en años.
Ahí apareció otra sorpresa.
Durante siete meses se habían realizado transferencias desde nuestra cuenta conjunta.
$12,000.
$18,500.
$9,800.
$25,000.
En total, más de $160,000 pesos. Todas terminaban en la misma cuenta.
Le mandé la información a Sofía.
Horas después me llamó.
—¿Conoces a una persona llamada Mauricio Ledesma?
-No.
—Pregúntale a Patricia.
Lo hice.
La respuesta llegó casi inmediatamente.
“Es el socio de Rodrigo.”
Aquella noche Rodrigo apareció afuera del edificio de Mariana.
No sabía cómo había averiguado que estábamos ahí.
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