Una mujer no paraba de echar su largo cabello sobre el asiento de otra pasajera, llegando incluso a meterlo en su comida

Ella se sentó justo delante de mi asiento.

—¡Qué mundo tan pequeño!

—¿Me estás siguiendo?

—No, querida. Tu perfume llegó antes.

Cuando se apagó la señal de abrocharse el cinturón, ella se puso de pie en el pasillo, con el teléfono sostenido a su espalda.

—Vale, chicos, habéis pedido ver la parte de atrás.

—Ochocientos dólares, chicos. Mirad qué largo es. Vale cada céntimo.

—¿Me estás siguiendo?

Ella se giró lentamente, como un pollo en un asador.

Luego se sentó y lanzó toda la melena hacia atrás, sobre su asiento, como si fuera ropa tendida en una cuerda…..

Cayó sobre mi mesita plegable, se deslizó por el reposabrazos y, mechón a mechón, terminó cubriéndome la frente.

—Perdona, ¿te importaría apartar el pelo?

—Ahora no. Estoy en directo.

—Seguro que tus espectadores están impresionados. Yo lo estaría más si se quedara de tu lado.

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