Hubo un silencio.
Finalmente el fiscal respondió:
—Envíeme el informe inmediatamente. Contactaré al tribunal.
Méndez colgó.
Después miró a Ramira.
—No puedo prometerle nada todavía.
Ella asintió entre lágrimas.
—Lo sé.
Pero sus ojos seguían fijos en el oso.
El juguete que su hija había abrazado durante cinco años.
El objeto que
quizá contenía la verdad que todos habían ignorado.
Una hora después llegó la abogada defensora de Ramira, Lucía Herrera.
Había llevado el caso durante años.
Su rostro mostraba agotamiento.
Pero cuando escuchó lo sucedido, sus ojos se iluminaron.
—Necesitamos presentar una solicitud urgente de suspensión.
Méndez asintió.
—El fiscal ya está informado.
Lucía examinó el informe preliminar.
—¿El dispositivo funciona?
—Todavía están verificándolo.
La abogada respiró profundamente.
—Entonces debemos actuar sin esperar a conocer todo su contenido.
Mientras preparaban los documentos, Salomé permanecía sentada junto a su madre.