PARTE 2 — EL SECRETO DE SALOMÉ

Méndez respondió con firmeza:

—Entonces no tenemos tiempo que perder.

Ramira se arrodilló frente a su hija.

—Mi amor, ¿por qué

no me lo dijiste antes?

Salomé acarició su rostro.

—Porque tenía miedo.

Sus lágrimas comenzaron a caer.

—Pero ayer escuché al tío Esteban hablando por teléfono. Dijo que después de hoy nadie podría demostrar lo que hizo.

Ramira abrazó a su hija con fuerza.

—Hiciste bien en contármelo.

Pero Méndez sabía que una declaración infantil, por importante que fuera, necesitaba ser investigada.

No bastaba con una acusación.

Y una sentencia tan grave no podía depender de suposiciones.

—Salomé —preguntó suavemente—, ¿recuerdas algo más de aquella noche?

La niña permaneció callada.

Después asintió.

—Mi papá escondió algo.

Méndez se inclinó hacia ella.

—¿Qué escondió?

—Una cajita negra.

Ramira levantó inmediatamente la cabeza.

—¿Una caja negra?

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *