Un suspiro de asombro
recorrió la concurrencia. Todo el mundo conocía ese nombre. Todas las empresas pugnaban por captar la atención de aquella misteriosa inversora. Julian se enderezó y sus ojos brillaron con un fulgor depredador. Llevaba toda la velada esperando ese momento, con la esperanza de que fuera su empresa la que consiguiera el ansiado contrato.
—…¡y es un honor para nosotros anunciar que la señorita Sterling nos acompaña esta noche!
Estallaron los aplausos. Cientos de cabezas giraron en todas direcciones, buscando con la mirada a la misteriosa multimillonaria.
Me levanté sin prisa de mi mesa, situada justo frente al escenario, en el centro de todas las miradas. Enderecé los hombros, alcé la barbilla y desafié con la mirada a un Julian paralizado en el sitio.
El haz del foco blanco cayó directamente sobre mí.
En una fracción de segundo, la sonrisa se borró del rostro de mi marido para dar paso a