Un silencio absoluto se apoderó del patio.
Sofía observaba a su esposo con el rostro lleno de desconcierto, incapaz de comprender lo que estaba haciendo.
Michael levantó lentamente la vista y dijo con serenidad:
—Si, según tus reglas, la mujer que dedicó toda su vida a criarme merece comer de este recipiente, entonces hoy yo
comeré con ella. No siento vergüenza de sentarme junto a la persona que me dio todo. La única persona de la que realmente me avergüenzo eres tú.
Sofía abrió la boca para responder, pero él la detuvo con un simple gesto de la mano.
—No digas una sola palabra más.
Acto seguido, Michael llamó al jefe de seguridad.
Pocos minutos después, los guardias y varios empleados de la casa llegaron al patio.
—Desde este momento, Sofía deja de tener autoridad en esta propiedad. Recojan todas sus pertenencias y llévenla a un lugar donde pueda quedarse hasta que nuestros abogados finalicen los trámites del divorcio.