Durante 36 años trabajé como enfermera. Rafael, mi esposo, diseñaba equipos médicos. Nunca vivimos como ricos. Él manejó el mismo sedán durante 14 años y remendaba sus propios suéteres.
Cuando Adrián necesitó dinero para la universidad, pagamos.
Cuando necesitó el enganche de su primera casa, pagamos.
Cuando su negocio fracasó, volvimos a ayudar.
Yo siempre decía: