Abigail sintió que la tristeza comenzaba a transformarse en una determinación que nunca había conocido.
—Quiero saber exactamente qué hicieron con mi dinero.
Samuel asintió.
—Y lo averiguaremos mediante los registros y las autoridades correspondientes.
Aquella noche, Abigail regresó a su pequeña casa.
Se sentó frente a la mesa donde todavía guardaba el boleto de lotería.
Veinte millones de dólares.
Había creído que aquel dinero salvaría a su hijo.
Ahora comprendía que también podía convertirla en un objetivo.
Su teléfono vibró.
Era un mensaje de Spencer.
“Mamá, sé que ganaste la lotería. Tenemos que hablar inmediatamente”.
Abigail sintió que el corazón se le detenía.
No respondió.
Segundos después llegó otro mensaje.
“Vanessa me contó todo. No puedes esconderme ese dinero. Soy tu único hijo”.
Abigail dejó el teléfono sobre la mesa.
Las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas.
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