Paseo al Palacio del Conocimiento, Colapso de la Arrogancia de la Señorita Harrow y triunfo del pequeño Klava

La maestra tragó saliva, bajó la cabeza abochornada y, frente al director, a Ben y a todos los alumnos del salón, miró a la pequeña Klava:

—Klava… lo lamento profundamente. Me equivoqué. Tu trabajo no era una mentira… era admirable. Te ofrezco una disculpa sincera.

El director tomó la palabra de inmediato, visiblemente apenado:

—Señor Reed, este asunto no se va a quedar aquí; la junta escolar evaluará la conducta de la maestra hoy mismo. Y el proyecto de Klava tendrá una calificación perfecta, como debió ser desde el primer momento.

Ben no contestó. Simplemente asintió con sobriedad, recogió las hojas de su hija y guardó sus credenciales en el bolsillo de su uniforme. Luego, extendió su mano hacia Klava.

—Vamos a casa, cariño.

Klava corrió hacia él y lo abrazó por la cintura con una sonrisa que iluminó toda su carita. Ben le acarició el cabello, dio una orden corta con la mano a Scout —quien se puso de pie al instante junto a ellos— y los tres salieron caminando juntos por el pasillo de la escuela con la frente en alto.

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