PARTE 2 — LA DUEÑA DEL IMPERIO

—La noche anterior a nuestra boda, Victoria y yo firmamos un acuerdo sobre las participaciones que tu padre te había dejado.

Me quedé inmóvil.

Mi padre llevaba muerto casi diez años.

Sus acciones estaban protegidas mediante estructuras legales que Julián nunca había administrado.

—Eso es imposible —susurré.

Julián bajó la cabeza.

—Eso creía yo también.

Al día siguiente, mi director legal revisó los registros históricos.

Encontró una sociedad constituida ocho años atrás.

Exactamente una semana antes de mi boda.

Su nombre era discreto.

Vance Heritage Holdings.

Entre sus documentos aparecía una propuesta para adquirir derechos económicos futuros vinculados a determinados activos de mi familia.

La operación no demostraba que hubieran conseguido aquellos derechos.

Pero sí revelaba que alguien los había buscado.

Y entonces vimos el nombre del asesor que había preparado la documentación.

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