A medianoche bajé por agua. La puerta de la terraza estaba entreabierta. Reconocí la voz de mi madre:
—Mañana me voy a desmayar frente a las niñas. Si intentan sacarnos, diremos que Mariana abandonó a su madre enferma. Y si hace falta, la denunciamos. Nadie va a echarnos de aquí.
Saqué el celular y empecé a grabar.
Entonces apareció Lorena, descalza y temblando. Me mostró un mensaje recibido aquella tarde de un cobrador:
«Tu cuñada tiene una casa muy bonita. Ya sabemos dónde está. Dile a Diego que pague esta semana o iremos a visitar a su familia».
Pero lo que Lorena me confesó inmediatamente después era todavía peor que aquella amenaza.
PARTE 3
Lorena miró hacia las escaleras para asegurarse de que sus hijos estuvieran dormidos. Después me enseñó otros mensajes. Había amenazas de cobranza, fotografías de la entrada de su edificio y una referencia a la escuela de Nicolás.