Mi madre repartió cuatro habitaciones de mi casa entre mi hermano, su esposa y sus hijos sin preguntarme nada. “Él ya dejó su trabajo, así que no puedes echarnos”, me advirtió. Yo acababa de descubrir que también habían rentado su departamento para mudarse conmigo. Cuando llegaron mi esposo y nuestras dos niñas, mi madre se quedó sin habla. Pero esa noche escuché su plan verdadero y saqué mi celular para grabarlo.

—Te puedo pagar directamente tres meses de renta en un cuarto de Puebla, mamá —dije finalmente—. Así tendrás tiempo de organizarte con tu pensión. No te daré efectivo. En cuanto a Diego, tendrá que buscar empleo y atender sus deudas. Es un adulto.

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