MI ESPOSO, UN GENERAL, ME OBLIGÓ A PERDER A MI BEBÉ PARA PROTEGER A MI HERMANA… PERO NO SABÍA LO QUE MI PADRE HABÍA PREPARADO

—El hospital se encargó de todo.

—¿Sin preguntarme?

—Estabas inconsciente.

—Soy su madre.

Su voz cambió.

—No empieces otra vez, Ninh. Ya hemos pasado por suficiente.

Se acercó para acomodarme la manta.

Entonces su teléfono vibró.

En la pantalla apareció el nombre de mi hermana.

Él sonrió.

Fue una sonrisa pequeña, casi imperceptible, pero me bastó para comprender que mi sufrimiento no había interrumpido su felicidad ni un solo instante.

—Tengo que salir —anunció—. Descansa.

Cuando cerró la puerta, saqué la fotografía y la besé.

—Aguanta, pequeña —susurré—. Mamá va a encontrarte.

A la mañana siguiente, una enfermera entró para cambiarme el suero.

Era la misma mujer que había cuestionado a mi madre antes de la intervención.

En su identificación leí: Trần Mai.

Mientras revisaba la vía, dejó caer un pequeño papel sobre mi manta.

Solo contenía cuatro palabras y una hora:

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