La habitación estaba iluminada por una pequeña lámpara junto a la ventana.
El sonido del monitor cardíaco rompía el silencio.
Me acerqué a la cama.
Durante varios segundos dudé.
Ben y yo siempre habíamos respetado nuestra privacidad.
Nunca había sentido la necesidad de
revisar sus cosas.
Pero las palabras de la enfermera no dejaban de repetirse en mi cabeza.
«Preferiría morir antes de que ella descubriera la verdad».
Finalmente levanté con cuidado una esquina del colchón.
Mis dedos encontraron algo rígido.
Era una carpeta de plástico azul, envuelta en una bolsa transparente.
La saqué lentamente.
Tenía mi nombre escrito con la letra de Ben.
«PARA MARIANA. ENTREGAR SOLAMENTE SI YA NO ESTOY».
Sentí que se me cerraba la garganta.
Dentro encontré tres sobres, varios documentos médicos y una fotografía antigua.
La fotografía mostraba a Ben cuando tenía diecisiete años.
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