Cancelamos el salón.
Devolvimos los adornos.
Guardé mi vestido de novia en el armario porque no soportaba mirarlo.
Una tarde, mientras le acomodaba las almohadas, Ben me preguntó:
—
Mariana, ¿todavía quieres casarte conmigo?
Lo miré sorprendida.
—Por supuesto.
—Aunque no pueda darte los años que te prometí.
Las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas.
—Yo no me enamoré de la cantidad de años que íbamos a vivir juntos. Me enamoré de ti.
Ben sonrió.
—Entonces casémonos aquí.
Tres días después organizamos una ceremonia íntima en el hospital, con autorización del equipo médico y los trámites correspondientes.
Mi madre llevó flores blancas.
La hermana de Ben consiguió un pequeño pastel.
Un juez del Registro Civil acudió para formalizar nuestro matrimonio.
Yo usé un vestido blanco sencillo.
Ben llevaba una camisa azul clara.
Cuando llegó el momento de los votos, su voz tembló.