—¿Qué piensas tú?
Mi nieta miró sus manos.
—Creo que él te traicionó primero.
No quise ponerla en medio.
—Tu padre sigue siendo tu padre. Puedes quererlo y al mismo tiempo reconocer que hizo algo malo.
Julia comenzó a llorar.
—Después de aquel día discuten todo el tiempo.
Me abrazó.
—Mamá dice que si tú hubieras cooperado nada habría pasado.
Me separé lentamente.
—Escúchame bien. Que una persona diga “no” nunca justifica que otra la empuje.
Ella asintió.
—Recuerda eso siempre.
Casi un año después, Marcos apareció en mi puerta.
Yo ya vivía en el apartamento nuevo.
No lo había invitado.
Lo miré a través de la mirilla.
Por un momento pensé en no abrir.
Finalmente lo hice.
Estaba solo.
Parecía cansado.
—¿Puedo pasar?
—Puedes hablar aquí.
Aquello le dolió.
Pero lo aceptó.
—Patricia y yo nos estamos separando.
No reaccioné.