—Mamá, no seas ridícula.
Marqué.
—Fue un accidente.
Continué.
Patricia intentó acercarse.
—No me toques.
Se detuvo.
Los policías llegaron pocos minutos después.
Yo estaba temblando.
Marcos intentó explicar que había sido una discusión familiar.
Dijo que yo había perdido el equilibrio.
Patricia confirmó su versión.
Entonces ocurrió algo que ninguno esperaba.
Julia apareció desde el pasillo.
Tenía dieciséis años.
—Papá la empujó.
Todos la miramos.
Marcos abrió la boca.
—Julia…
—Lo vi.
Mi nieta estaba llorando.
—Le pediste la tarjeta. Ella dijo que no y la empujaste.
Aquello cambió todo.
Marcos fue obligado a marcharse.
Yo no quería que lo arrestaran aquella noche.
Solo quería que saliera de mi casa.
Pero hice una denuncia.
Al día siguiente fui al médico.
Tenía un fuerte golpe en el hombro y la espalda.
Nada estaba roto.
Después llamé a Lucía.