Esperé hasta que dejó de escucharse.
Luego repetí:
“¿Quién es el señor Cárdenas?”
Natalia levantó la canasta.
“Esto es ridículo.”
Daniel se interpuso.
“Natalia.”
Su tono había cambiado.
Por primera vez esa noche ya no parecía el hermano dispuesto a rescatarla.
Parecía un hombre que acababa de descubrir que también lo habían engañado.
“¿Quién es?”
Natalia bajó la canasta.
“Un conocido del trabajo.”
“¿Está viviendo en tu departamento?”
“Temporalmente.”
Sentí una calma extraña.
“¿En el departamento que supuestamente estaba inhabitable por problemas de plomería?”
“Es más complicado.”
“No vuelvas a decir eso.”
Me miró con enojo.
“Tú no sabes por lo que estoy pasando.”
“Correcto. Porque nada de lo que nos dijiste parece ser verdad.”
Daniel apretó la mandíbula.
“¿Cuánto tiempo lleva ese hombre viviendo ahí?”
“Como un mes.”
Casi todo el tiempo que Natalia llevaba instalada con nosotros.