Daniel se acercó y me besó suavemente la frente.
“40 días”, murmuró.
Lo miré.
“Nunca más.”
Y los dos sabíamos que no estaba hablando solamente de recibir familiares en casa.
Daniel se acercó y me besó suavemente la frente.
“40 días”, murmuró.
Lo miré.
“Nunca más.”
Y los dos sabíamos que no estaba hablando solamente de recibir familiares en casa.